sábado, 16 de enero de 2010

Un cronista del siglo XX, que usó la cámara como un pincel. Se exhiben 106 obras del fotógrafo Werner Bischof, que combinan denuncia y estética

Laura Casanovas

LA NACION

"Fue sólo una casualidad que la cámara y no el pincel se convirtiera en mi acompañante", sostuvo alguna vez el fotógrafo suizo Werner Bischof, quien combinó su gran talento artístico con su sensibilidad humana para retratar en imágenes situaciones, personas y momentos paradigmáticos del siglo XX.

Una muestra con 106 de sus imágenes, en el Centro Cultural Borges (Viamonte y San Martín), permite repasar su breve, pero intensa carrera, al haber fallecido en un accidente cuando sólo tenía 38 años.

Así se puede seguir su camino como reportero gráfico por la Europa de la posguerra entre 1945 y 1948, y luego por la India, Japón, Indochina, Hong Kong, Corea, México, Estados Unidos, Panamá y Perú, entre 1951 y 1954, a través de la propuesta curatorial de su hijo, Marco Bischof.

"Sus primeros trabajos son más experimentales al haberse formado con gente vinculada con la Bauhaus. El reconocimiento internacional le llegó con la serie sobre la India que hizo para la revista Life ", contó Virginia Fabri, directora del Departamento de Fotografía del Centro Borges, mientras recorría la muestra con LA NACION.

Acerca de la realidad que encontró en la India, Bischof expresó: "Yo sólo podía fotografiar esa miseria para llevarla afuera". Una miseria que en sus fotos mostró a través de rostros y de manos que expresan desesperación.

Tiempo antes había fotografiado otros rostros, los de la posguerra europea. En una de las imágenes presente en la exposición, hay unas niñas arriba de un tren que miran por la ventana. Una de ellas, muy pequeña, no se mueve y el único indicio expresivo en su rostro serio son dos lágrimas que empiezan a caer. La foto tiene como título Un tren de la Cruz Roja transportando niños a Suiza, y la tomó en Budapest, en 1947.

Documento y arte

Los trabajos de Bischof se publicaron en los principales medios de Europa y de los Estados Unidos, comoParís Match , The Observer , Life , entre otros. Además, fue uno de los fundadores de la agencia Magnum, junto con otros grandes nombres, como el de Robert Capa y Henri Cartier-Bresson.

Las imágenes de Bischof no sólo documentan, sino que ofrecen una destacada perspectiva estética. Frente a la foto Posada de agricultores, tomada en Hungría, en 1947, la memoria visual inevitablemente recuerda a Caravaggio, ese gran pintor italiano de fines del siglo XVI.

Fabri contó que Bischof era "un excelente dibujante" y que antes de fotografiar a la gente la dibujaba. En la muestra, se lo puede ver en una foto haciendo exactamente eso.

De su viaje por América latina hay desde un retrato que le tomó a la artista mexicana Frida Kahlo, en su taller de la ciudad de México, hasta imágenes de las ruinas de Machu Picchu. Y la infaltable presencia de personas anónimas cuyos gestos y actitudes parecía registrar como si conociera su alma.

La idea de Bischof al viajar a América latina era llegar hasta Tierra del Fuego. Pero en un viaje en auto para tomar fotos a una mina en Perú, lo sorprendió la muerte, en 1954. Sin embargo, en su amplio archivo fotográfico permanece intacta la pasión, el talento y la sensibilidad que lo llevaron por tantos lugares.

Werner Bischof. El sueño de la verdad se puede ver hasta el 31 de este mes.

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