martes, 29 de julio de 2008

LA NUEVA ARQUITECTURA

Al final de la primera guerra mundial los arquitectos radicales del estilo internacional empezaron a diseñar una nueva e industrializada arquitectura que intentaba servir a las necesidades de la clase obrera, los modernistas pretendían crear una autentica arquitectura de masas, una arquitectura que serviría a la gente en el más amplio sentido y con ello crearía un espacio que expresaría lo que iba a ser el siglo XX una época democrática y una experiencia para todo el mundo. Se adoptaron nuevas tecnologías, se deja de utilizar madera y piedra como parte importante del edificio ya que se consideraba que estos materiales estaban pasados de moda, y se comienza a utilizar más metal y vidrio.
Con el siglo XX empieza la gran nueva era de las maquinas del sistema industrial. Se comienza a concebir una arquitectura con una serie de reglas que caracterizarán al movimiento moderno en la arquitectura.
Se trata en realidad de una serie de estilismos que se encuentran en efecto en las obras de muchos de los principales arquitectos modernos y que, con relativa aproximación, se pueden resumir en la siguiente enumeración: techo plano, preferencia por el enfoscado blanco, por el hormigón visto y por los volúmenes fundamentales (cubo, cilindro, esfera…), planta libre y flexible habitualmente referida a una malla modular ortogonal, evidenciación de la estructura en las fachadas y a veces también en el interior, separación neta entre los diferentes materiales empleados, rechazo a la ornamentación, asimetría en la configuración de la planta y de las fachadas, etc.
Para muchos, las vanguardias artísticas del siglo XX iban a ser el comienzo de los nuevos tiempos, del hombre nuevo.
Hoy vemos, con la perspectiva que da el tiempo ya pasado, que esas vanguardias no fueron el comienzo de nada, sino el fin. Ya que, a partir de ellas, no se ha impuesto un arte espiritual, ni esencial, ni social, sino que ha vuelto a empezar el arte expresionista de autoexclamación, y de alardes técnicos y desafíos formales. El arte o la arquitectura siguen cuando ya no tienen nada que decir, como mera técnica y negocio; y en esta civilización decadente y manierista seguimos sorprendiéndonos con el “más difícil todavía”. En nuestros días se realizan obras arquitectónicas sin reglas, el “todo vale” señaladas por su formalismo efectista, que persigue una amplia aceptación comercial. Uno puede ver publicado en revistas obras de arquitectura que ofrecen una gran honradez y obras de un gran impacto. Normalmente no suele coincidir lo uno con lo otro, y a menudo nuestra mirada exhausta se reconforta con lo que menos valor tiene.
Por encima de obras realizadas casi en silencio, casi con timidez, pero que, a su manera resisten el análisis más profundo y nos ofrecen toda su sabiduría, sobresalen obras maleducadas y groseras que nos apabullan con una riqueza fantástica, pero en las que casi todo es gratuito y caprichoso, las cuales se abren paso con esas superficies curvas y alabeadas, esos ángulos forzados sin ninguna justificación, esa desproporción estructural y económica, ese famoso “todo vale”, todo da igual, no importa que no funcionen bien o que cuesten un dineral ya que son “bellas”, pero ¿se puede considerar este tipo de obras bellas? ¿obras que no responden a ningún condicionante, que no permiten un análisis serio?.
Quizás estas obras tan exitosas proponen una nueva funcionalidad mal entendida, resuelta a base de diseños formales que no responden, en absoluto; a un análisis funcional del proyecto, cuando no es todo el edificio una pura forma en si obtenida de la experimentación y que no sirve para nada. Un ejemplo de esto referido a un mismo arquitecto puede ser la ampliación del IVAM en Valencia y el Museo de arte contemporáneo del siglo XXI en Kanazawa de Kazuyo Sejima. Básicamente el proyecto de ampliación del IVAM se sintetiza en una piel en forma de cubo que envuelve todo el edificio, piel que para nada es sensible con su entorno, pues esa forma rotunda de cubo más que insertarse en éste se separa destacando sobre el resto de ciudad que la rodea, máxime cuando se trata de una zona de casco antiguo como es el caso. Esta forma cúbica no responde a ningún condicionante de entorno o función, ya que perfectamente podría haber sido una forma completamente diferente, por lo que si analizamos el proyecto con atención, ¿Qué justificación tiene esa piel con esa forma tan rotunda e impactante de cubo?
Sin embargo el Museo de Arte Contemporáneo del siglo XXI admite al contrario que la obra anteriormente mencionada un análisis más serio. Esta se sitúa en una zona periférica a la ciudad de Kanazawa en Japón, donde predomina la naturaleza y una gran luminosidad solar. El edificio se materializa en planta en forma de circulo relacionándose en todo momento con la naturaleza y el paisaje que lo rodea con esos grandes acristalamientos en toda su fachada. La planta del edificio es perforada por diversos volúmenes de diferentes tamaños que no dejan de imitar el perfil próximo de la ciudad cercana.
Así pues en el Museo de Arte Contemporáneo del siglo XXI se produce en todo momento un diálogo entre el edificio y su entorno, entre el exterior y el interior, mientras que en proyecto para la ampliación del IVAM, este dialogo entre el edificio y su entorno cuesta descubrirlo, más bien se crea una frontera entre el edificio y su entorno. Hoy en día la aparición de este tipo de obras injustificables es permanente y continua, debemos de dejar de analizar la arquitectura de una forma perezosa, con la guardia baja y dispuestos a dejarnos fascinar. Analicemos cada proyecto con atención, preguntándonos el por qué de éste. En definitiva, no caigamos ante una obra “bella”, sino aprendamos de una obra “buena”, ya que si una obra es buena estará por encima de toda belleza y servirá a su fin.
LOTUS_75

ARQUITECTURA BARROCA

Loading...

Astronomy Picture of the Day

Obra del momento