domingo, 24 de agosto de 2008

Conservación y recuperación de los contextos históricos urbanos

jeje
http://arista-arqmap.blogspot.com/

EDITORIAL CIENTlFICO
Arq. JEAN-PIERRE ERRATH

1. Definición y valor del contexto urbano histórico

Se han utilizado numerosas perífrasis para definir el patrimonio que representa el centro de nuestras ciudades: la "ciudad histórica" —que incluye todos los monumentos excepcionales que la caracterizan—, el "centro antiguo", el "barrio viejo" —que le otorga un valor pintoresco— y, a veces, el "sitio urbano histórico" —que más bien se refiere globalmente a un paisaje construido—.

Pero la noción de contexto urbano incluye en sí misma un aspecto más profundo, más rico y más sensible, un aspecto que deja entrever una coherencia, un proceso que incluye los distintos elementos constructivos de un aglomerado urbano.

Si la noción de contexto se aplica a las ciudades —es decir al resultado de una evolución continua, de un ajuste permanente— es inevitable que se haga hincapié en la relación que se establece entre la ciudad y los acontecimientos urbanos que en ella tiene lugar. Tales acontecimientos dependen del conjunto que lo rodea pues actúan en él cuando el contexto es antiguo o lo amplían y modifican (o mejor, varían) cuando es nuevo. El contexto histórico existe en base al proyecto.

Un contexto urbano histórico, en virtud de su interés mnemónico, patrimonial y pedagógico y de todos los elementos que lo componen —tanto que se trate de edificios excepcionales o monumentos como de una serie de edificios modestos que rodean una plaza o se disponen a lo largo de una calle, un río o un canal— requiere una valorización adecuada y unitaria que considere su conservación en una época como la nuestra, una época extremadamente activa e innovadora, una época que antepone a todo su ideal esencialmente tecnológico y escasamente estético.

En Europa, la consideración del aglomerado urbano en cuanto unidad proviene, en parte, de un proceso intelectual que inició con la protección de los monumentos históricos de la arquitectura compleja y que luego se ha extendido paulatinamente a la arquitectura menor y a las arquitecturas de regiones o zonas específicas.

El reconocimiento del valor patrimonial de estos edificios modestos pero numerosos, edificios que por otro lado constituyen un tejido urbano antiguo y de alta calidad, hizo que lo pudiéramos llamar histórico: contexto histórico urbano. Tal denominación no se refiere al valor mnemónico del mismo sino a su valor como representación material del pasado y de la continuidad de una ciudad. Se trata de un valor que estas construcciones modestas comparten con los grandes edificios que se encuentran en sus cercanías, un valor que, por lo que respecta al desarrollo continuo y armonioso de una ciudad —en contraposición a algunas ciudades sin tradiciones ni alma que la normalización mundial ha creado recientemente— se erige como fuente de identidad urbana.

Más allá del campo estudiado por la historia del arte —ámbito histórico que se limita al monumento sin tener en cuenta la historia de la ciudad— es necesario observar la evolución de su identidad y de sus valores culturales, es necesario observar las relaciones paralelas que se establecen entre el Objeto (ámbito reservado de los historiadores del arte) y la Cultura (propia de un espacio patrimonial que a todos atañe): Objeto/Arte — Espacio/Cultura.

Los elementos que caracterizan al contexto urbano histórico, es decir, los que lo diferencian de las ciudades funcionales y que, al mismo tiempo, constituyen su especificidad cualitativa y patrimonial, básicamente se podrían adscribir a tres áreas axiológicas:

La forma urbana. Este ámbito se presenta como la urdimbre de una serie de elementos aislables cuales son sus áreas circunscriptas, sus plazas y sus calles. Un ámbito que presupone una lógica de fondo que será imprescindible respetar, pues el trazado de las calles si respondiera a una configuración con lógica militar, será rectilíneo y ortogonal mas si, por el contrario, se tratara de una ciudad espontánea y antigua, como Vicenza, presentará una variedad y sinuosidad que mal se adecuan a cánones geométricos.

La forma arquitectónica. El aspecto de las fachadas y de los techos, sus estilos, sus colores, sus materiales y sus proporciones hacen, por ejemplo, que Venecia y Brujas sean dos ciudades muy diferentes aun siendo, ambas, ciudades construidas sobre una red de canales.

La relación con el ambiente. En esta área se incluyen las relaciones recíprocas de una ciudad con todo aquello que la rodea (es decir elementos naturales como los bosques, el mar, las colinas, los viñedos, etc.) o que la amplía (como esas nuevas construcciones que a partir del siglo XIX extendieron los núcleos iniciales). En Roma, por ejemplo, encontramos las dos circunstancias antes mencionadas: sus colinas y sus ampliaciones modernas.

Conservar estos valores es de fundamental importancia para perpetuar la realidad y la autenticidad de las ciudades antiguas tanto material como espiritualmente. Por último también será conveniente respetar la vocación de la ciudad, vocación que impone íntimamente las condiciones de vida y de belleza de la misma. Es el caso de Burdeos en donde la primordial importancia de su rada se relaciona con una vocación portuaria que la caracteriza.

La ciudad histórica y su contexto urbano representan hoy un desafío para los poderes públicos y las asociaciones. Un desafío tanto en el campo de la repoblación y de la inversión económica en los centros urbanos de las ciudades del oeste europeo como en el de las consecuencias que conlleva la noción de patrimonio colectivo que los estados, las regiones y las ciudades consideran heredados legítimamente. Una herencia que con el paso de las generaciones, ha formado la nación, la ciudad histórica y el contexto urbano que la rodea.

Por nuestra parte, debemos transmitir ese patrimonio a nuestros hijos y tal legado implica la conservación.

2. Necesidad de la conservación

Dado que el tema de los contextos urbanos históricos capturó paulatinamente el interés general en primer lugar y luego mundial, es evidente que la conservación de los mismos tendrá que ser sin condiciones. Es por esta razón que se deberá conservar la ciudad baja de Postdam, la que se encuentra cerca de los jardines de Sansouci.

Ya en el lejano 1430, los humanistas de Roma reclamaban que se conservara y protegieran las construcciones de mármol de su ciudad, pues tales construcciones se habían convertido en principal e inaceptable cantera de materia prima para las caleras de la ciudad. Esos intelectuales veían cómo dichos preciosos vestigios, prueba material de la potencia e inteligencia de una civilización que veneraban y que les aportaba sabiduría, se transformaban en polvo calcáreo.

En el curso de los trabajos que ustedes realizarán, se hablará sobre la gestión de la ciudad y la aplicación de técnicas urbanas. Permítanme que insista en algunas consideraciones derivadas de la reflexión sobre las causas para que juntos podamos encontrar la mejor manera de actuar.

Todo lo que el hombre hace se puede alterar. La ciudad de Sumer ha desaparecido y, de la civilización de Egipto y de todo el mundo antiguo, nos han llegado sólo algunos restos. La misma regla rige para las obras arquitectónicas y las construcciones de nuestras ciudades históricas. Tales ciudades deben enfrentar no pocos peligros. Todas ellas han sido erigidas y construidas con materiales que provienen del suelo y del subsuelo, materiales que, a largo plazo, son alterables y destructibles. A veces son víctimas de errores en la concepción original, de terrenos cuya estabilidad no es un dato seguro o donde no se pueden prever terremotos e inundaciones. A menudo se enfrentan a los riesgos del uso y a los efectos destructivos del cambio de gustos y modas que se sucede sin cesar con fuerza erosiva irreversible.

Mérimée afirmaba que "el uso es un tipo de vandalismo lento, insensible e imperceptible que arruina y deteriora casi tanto como una devastación brutal".

Conservar los contextos urbanos históricos significa oponerse a esos procesos que desgraciadamente pertenecen al ámbito de la ley natural. Es necesario evitar que Venecia siga hundiéndose en su laguna. Es necesario darle una mano a lo que la inteligencia del hombre ha construido, hay que ayudar a esas construcciones a enfrentar globalmente los efectos destructivos que las acechan.

He aquí los objetivos que justifican la conservación de nuestras ciudades patrimoniales, objetivos que las culturas del monumento y las filosofías occidentales más difundidas en Europa ya contiene en sí. Es por tal razón que conservar la urdimbre material original de los centros urbanos históricos se transforma en un deber y una responsabilidad.

En Japón, al contrario, se conserva únicamente la habilidad constructiva que permite realizar periódicamente réplicas exactas que sustituyan las precedentes copias de los templos. Es evidente que se trata de una cultura diferente a la nuestra.

En contraposición, nosotros consideramos que cualquier testimonio histórico-cultural que represente a una ciudad y que haya sido alterado, transformado o desvirtuado no puede considerarse como una expresión auténtica de esa cultura. A tal testimonio se lo considera único y parte integrante del patrimonio cultural que por derecho pertenece al ciudadano europeo.

No obstante esto, en el siglo XIX y más en nuestros días, el hombre ha sido el gran destructor de su proprio patrimonio urbano.

Como efecto de una cierta cultura industrial y tecnológica de la que el arte y la historia estaban excluidas, se impuso la funcionalidad organizadora y simplificadora que separó las zonas para habitar de las zonas para trabajar y que, por supuesto, consideró necesaria la "demolición" de algunos "centros históricos" a causa de su insalubridad.

Un ejemplo parisién de tal actitud es el proyecto Voisin de Le Corbusier según el cual se debían conservar sólo algunos grandes monumentos en calidad de objetos valorizadores.

Como reacción a este punto de vista —a partir de las reflexiones de Moris, Ruskin, Mérimée y Riegel sobre los monumentos y, más tarde, de las de Camillo Sitte y Gustavo Giovannoni sobre los espacios urbanos— en 1931 se fijará en Atenas el interés por los contextos urbanos y por su relación con los monumentos que, desde entonces, adquirirán valor según el "ambiente relativo" en el que se encuentren.

En el marco de los procedimientos operativos europeos de posguerra, se impone una euforia por la reconstrucción "eficaz" que tiende a resolver demasiado rápidamente los problemas creados por las partes urbanas cuya demolición llevaba a considerar insalubres. Con posterioridad se fijaron en la misma Europa las pautas para la conservación y la gestión de nuestros centros antiguos. Los proyectos para la conservación tenían sus bases en una teoría y en una estética de la calidad que la Declaración Internacional de Venecia de 1964 había estipulado. El art. 14 sobre los sitios monumentales de tal declaración fue completado por la Declaración Internacional de las ciudades históricas (1987) donde se establecían los objetivos, los métodos y los instrumentos para oponerse "a las amenazas de la degradación y de la destrucción".

Hemos expuesto las definiciones y los valores de los contextos históricos urbanos, observado los datos y comprendido los objetivos y la necesidad de conservarlos. Y visto que somos conscientes de la importancia del problema y de la necesidad del remedio, nuestra responsabilidad, por ser administradores de una ciudad histórica, es aun mayor. ¿Cómo hacer para poner en práctica estas ideas en ámbito europeo? ¿Cómo hacer para conservar en nuestras ciudades el legado de la humanidad que hemos recibido y que debemos transmitir?

3. La conservación de la obra recibida

Desde hace siglos, mejor decir desde hace miles de años, el hombre otorga importancia a ciertos edificios o sitios específicos y a ciertas ciudades.

La ciudad española de Santiago de Compostela es un claro ejemplo de este fenómeno. En Europa, gracias a los numerosos caminos que conducen hacia esa ciudad, se ha impuesto una política cultural tendiente a establecer relaciones entre los pueblos, relaciones que van más allá de los meros intercambios económicos.

A lo largo de esos caminos que llevan a la ciudad de Santiago de Compostela, con el correr de los años y en el marco de un espíritu federativo, se han establecido relaciones entre individuos y se han acercado ciudades por el hecho de compartir —sin que por esto tuvieran que renunciar a la identidad propia— un pasado en común que ha construido la Europa de hoy en día.

Es en esta perspectiva que me propongo poner en evidencia, con algunos ejemplos que citaré más adelante, problemas presentes y soluciones adoptadas en algunas ciudades europeas, para que puedan ustedes encontrar elementos de discusión, emprender "el camino" de las soluciones y encontrar la orientación necesaria.

El camino es nuestra red, la Red 2 de Urb-Al.

Todas nuestras ciudades son, en mayor o menor medida, la ciudad de Santiago de Compostela. Hoy en día es cosa frecuente que en muchos países europeos se apliquen métodos científicos para la creación de inventarios, para el análisis histórico, para las propuestas de conservación y, posteriormente, para la aplicación de esas propuestas. Y es también frecuente que la realización de tales programas a largo plazo y coherentemente planificados se pongan en marcha gracias a la ayuda del estado o estén a cargo de las mismas ciudades. Por lo general, estas iniciativas se sostienen con legislaciones y normas ad hoc, con instituciones u organizaciones gubernamentales y con ayudas generales o específicas que permitan el inicio o la prosecución de los trabajos.

3.1. La legislación

En 1967, después de los documentos de base de 1913 y 1931, el Civic Amnesties Act inglés permite que las autoridades locales clasifiquen las zonas que presentan especial interés arquitectónico o histórico donde los trabajos de restauración, transformación o construcción respondían a una reglamentación deficiente.

Restricciones muy severas contra los proyectos de demolición o de abandono deliberado obligan a los propietarios, bajo la amenaza de expropiación, a asegurar la conservación de los inmuebles.

En Alemania, se delibera en 1902 un Hesse Darmstadt —con anterioridad se había estipulado una ley que protegía los monumentos de interés colectivo— y si bien, en 1948, se le otorga a cada land la prerrogativa de disponer su política cultural y su legislación para la conservación, tal prerrogativa no se pondrá en acto sino en la década del ’70 a propósito de una reacción contra ciertos trabajos urbanísticos que no consideraban suficientemente el patrimonio urbano. Los land, en su conjunto, han emanado 16 leyes en las que se presenta una metodología de aplicación en común (inventario, investigación científica, propia política de protección, conservación), leyes que, junto al monumento histórico, se aplican también a grupos de edificios con carácter monumental (el conjunto de calles con arquitectura monumental) y a las construcciones que se encuentran en las cercanías de tales monumentos y que forman parte del contexto urbano.

Como último ejemplo del aspecto legislativo, permítanme traer a colación una ley francesa de 4 de agosto de 1962 que lleva el nombre del gran ministro que la promulgó (André Malraux) y que se ocupa de los llamados "sectores conservados". A las teorías radicales del período anterior a la guerra —teorías que consideraban irremediablemente inhabitables los centros urbanos antiguos y, por tanto, destinados a una segura demolición— se oponen algunos proyectos para la conservación y la valorización de los barrios históricos (por aquel entonces se previeron 400 planes de conservación) sobre la base de una ley nacional muy severa que requería un inventario sistemático de los parámetros sociales, económicos e históricos y de los valores arquitectónicos del inmueble. Tal ley preveía un listados bien detallado que indicaba aquellos inmuebles en los que "se prohiben las alteraciones y demoliciones" por parte del propietario, aquellos a los que la administración "puede imponer su demolición" y, finalmente, aquellos a los que "se obliga la construcción" para, por ejemplo, obtener nuevamente la alineación de una calle.

En el salón del edificio que hoy nos acoge se ha preparado una muestra sobre los "35 años de Sectores Conservados en Francia" y que, por supuesto, están invitados a visitar.

Estos instrumentos que se valen de estudios interdisciplinarios, estos métodos que acompañan a las culturas locales, estos planes de conservación que son pan cotidiano en muchos países de Europa, no hacen sino reconocer el importante contenido de los contextos urbanos históricos, no son sino la consagración de su valor patrimonial.

El Documento de Venecia indica los métodos de intervenciones según reglas generales que prevén el "respeto arqueológico" de los elementos antiguos y la obligación de una intervención "reversible" que permita las modificaciones necesarias en un momento determinado para respetar "la autenticidad de los detalles, de los conjuntos y de las áreas circunscriptas" que constituyen el contexto urbano de la ciudad histórica.

Una vez estudiado el cuadro general de las leyes nacionales de los distintos países, confirmadas la voluntad y la política por una discusión internacional y local e ideado un plan para la conservación de las ciudades de valor excepcional, es conveniente encontrar los medios para su aplicación y resolver los muchos temas técnicos, sociales y financieros que de ella derivan.

3.2. Los conocimientos

En primer lugar es necesario conocer las técnicas tradicionales de construcción y disponer de los materiales originales para asegurar un buen resultado del restauro. Es por esto que en la ciudad francesa de Aviñón, ciudad que por un cierto período fue sede papal, la escuela de Aviñón enseña el arte de las construcciones antiguas, especialmente por lo que se refiere a los revoques y al uso de la cal — seguramente tomando como ejemplo las villas vénetas de Palladio —, arte cuyo conocimiento es necesario para el mantenimiento de las fachadas de las casas modestas, es decir de las fachadas de nuestros contextos urbanos históricos.

La ciudad de Burdeos que posee un importante sector conservado (unas 150 hectáreas de tejido urbano continuo) tras estimular en la década del ‘80 a las empresas del sector para que reabrieran las canteras de la zona con la finalidad de reparar y restaurar los inmuebles (1500 inmuebles en 20 años sobre un total de 4000) pone hoy en práctica un procedimiento para la restauración de los espacios públicos (calles y plazas) que prevé un estudio histórico con la finalidad de individuar los materiales típicos de la arquitectura de dicha ciudad.

En las cercanías ya se han localizado varias canteras y las empresas están estudiando la posibilidad de su explotación.

La realización del tranvía urbano será una buena ocasión para aplicar tal proyecto.

La ciudad de Burdeos, con la finalidad que los espacios públicos no sean "espacios que queden" separados de las fachadas construidas, ha elaborado un "manual" para:

valorizarlos en cuanto espacios cívicos,detener la estandarización de la red vial y emplear un procedimiento cualitativo que favorezca el patrimonio público de la ciudad.

Es necesario que la conservación y el mantenimiento de los edificios, de los inmuebles y de las casas que constituyen el contexto urbano sean ayudados con políticas europeas que favorezcan la conservación del patrimonio, que amplíen los campos de protección y que se interesen por conseguir resultados de alta calidad.

Tales trabajos suponen la intervención de hombres, artesanos y empresas que conozcan las técnicas antiguas típicas de las distintas culturas regionales.

Europa — que presenta un sistema de calificación de empresas y artesanos muy variado y no siempre eficaz pues no pocas veces genera impedimentos a los intercambios — estudia la factibilidad de un sistema de calificación que pueda ser adoptado por los entes nacionales de los distintos países.

En Estrasburgo, un simposio europeo de las empresas dedicadas a la restauración, realizado en junio de 1991, dio las directivas y el marco de trabajo al Comité Europeo de normalización. Tal comité fue el encargado por la Asociación europea de empresas dedicadas a la restauración del patrimonio arquitectónico para que realizara dicho estudio de factibilidad.

3.3. Ambiente / Transporte

Tanto la contaminación atmosférica y la acústica como el flujo turístico desmesurado o las emanaciones del transporte automovilístico dañan las ciudades y representan los agentes de degradación más importantes. Muchas ciudades europeas —como Nápoles, Perusa y Toledo— tratan de remediar las consecuencias del tráfico reduciéndolo, obstaculizándolo e, inclusive, prohibiéndolo.

En Bolonia, por ejemplo, se ha llevado a cabo el primer referéndum popular para restringir la circulación de los coches particulares en el centro. Otras ciudades tratan de regulan el problema de los vehículos privados con la creación de zonas de aparcamiento fuera de los límites del centro viejo, tales son los caso de évora (Portugal), Orvieto (Italia) y Spoleto (Italia).

Con estas medidas se reduce la presencia de automóviles en determinadas áreas y se mejora la calidad de vida de habitantes y turistas. El método prevé un estudio de la movilidad para que luego se pueda reducir o prohibir el tráfico y se pueda poner en práctica un sistema informatizado de transporte que utilice conjuntamente las posibilidades del transporte público (confiado a sociedades privadas que organizan el tráfico en su conjunto) y privado.

La ciudad española de Toledo, ciudad declarada patrimonio de la humanidad, ha proyectado un plan global para la protección de su patrimonio urbano e industrial contra múltiples tipos de riesgo (actos de vandalismo político o casual, catástrofe natural, etc.) y para su conservación.

El conjunto de las medidas a adoptar ha sido objeto de numerosas consultas a sus habitantes. El método consiste en realizar un inventario del patrimonio histórico (público, privado y ordinario), un diagnóstico y listado de los distintos riesgos (la política hace hincapié en la restauración, en la rehabilitación arquitectónica, en la seguridad, en los incendios y en la evacuación), un estudio de la movilidad urbana (se ha prohibido el aparcamiento de los vehículos privados por considerárselos uno de los elementos más dañosos para la ciudad), la información a los habitantes de la ciudad, la localización de los puntos críticos y de las emergencias municipales (se ha dispuesto un plan de inversiones) y una consulta simultánea a la población.



3.4. La financiación

A partir de la década del ’60 se ha puesto en evidencia que, cuando una ciudad debe enfrentar ciertos problemas, es necesario no sólo un marco legislativo nacional sino también una serie de medios técnicos, urbanísticos y de financiación.

La ciudad de Bayona, por ejemplo, ante el problema de un núcleo urbano histórico que se empobrecía y se deterioraba visiblemente, adoptó una política urbana que tendía a revitalizar el casco viejo mediante la restauración de los edificios que se deterioraban y su destinación a casas de habitación y, para esto, se valió de financiamientos especiales.

La densa estructura del casco antiguo hizo que fueran necesarios estudios preparatorios muy elaborados, en especial por lo que respecta a la activación del plan de conservación y de valorización (PSMV) requerido por la ley del 4 de agosto de 1962 aplicada a 80 ciudades francesas.

El método consiste en:

Un inventario patrimonial, urbano, social, económico y arquitectónico.

Una delimitación del sector.

Un detalle minucioso de los valores urbanos y arquitectónicos en cuyas superficies deterioradas se prevén trabajos de limpieza.

Una acción conjunta del estado y de la municipalidad que supone la creación de un consejo para las autorizaciones y para el control, la información y consulta a los propietarios, la coordinación de los distintos servicios y organismos involucrados para crear una unidad operativa que persiga los objetivos predispuestos.

E importantes financiamientos que prevén la ayuda al propietario, la desgravación fiscal, la subvención (Agencia Nacional para la Mejora de La Casa), ayudas a los inquilinos de escasos recursos y ayudas patrimoniales otorgadas por distintos entes (región, estado, ayuntamiento).

3.5. Integración arquitectónica

Esta serie de ejemplos se pueden encuadrar en el marco de la búsqueda de calidad para asegurar la conservación y el mantenimiento de una obra existente.

El aporte de distintas técnicas para satisfacer las nuevas funciones y comodidades requeridas por nuestra época es indispensable, puesto que la introducción de elementos como la calefacción, los ascensores internos, el gas, la electricidad, los cables en las fachadas, los postes para la prohibición del estacionamiento y, más en general, todo lo que hace a las instalaciones viales supone que se esté permanentemente en búsqueda de adaptaciones e invenciones que hagan posible la presencia en estos ambientes de dichos elementos. Por otro lado, los edificios contemporáneos son los que más se pueden poner en evidencia en un contexto urbano histórico. Ellos se pueden integrar sin estridencias en el "ambiente" urbano del casco antiguo pero también se pueden oponer deliberadamente.

En la ciudad holandesa de Niemègue, como en tantas otras ciudades europeas, se evidencia un desfase patrimonial y cualitativo entre las nuevas construcciones y el ambiente que las rodea pues no logran integrarse de un modo armónico con su entorno.

El procedimiento basado en una plataforma nacional oficial (NCM) que tiende a vincular el sector público, permite la agrupación de organizaciones y asociaciones que se interesen por el patrimonio histórico. Es así que se han creado comisiones oficiales en las distintas ciudades involucradas que controlan localmente el "razonable" respeto de las exigencias estéticas.

La ciudad de Niemègue dispone de dos comisiones: una garantiza la calidad del patrimonio y la otra, cuyo parecer positivo es necesario para la autorización de construcción, la calidad de los proyectos.

Para el control, hay que presentar un legajo con el pedido de autorización de modificaciones específicas (demolición o construcción), luego un grupo de expertos pertenecientes a las dos comisiones antes mencionadas realiza un "control de calidad" del patrimonio y de la arquitectura.

Para atenuar el efecto de la subjetividad en la decisión de otorgar la autorización —especialmente en aquellos casos de parecer negativo— se ha adoptado un esquema fijo que utiliza 14 criterios de evaluación.

3.6. El habitante

Nunca habría que olvidar que la conservación de las ciudades y de los barrios históricos tiene como actor principal a sus habitantes. Este principio es el fundamento del art. 3 de la Declaración Internacional de 1987 para la conservación de las ciudades históricas.

Al tratar de resolver el problema de la insalubridad en las construcciones antiguas, el ayuntamiento de Lisboa, a causa de la presión ejercida por la población que residía en el centro de la ciudad, tuvo que abandonar sus planes globales de restauración y adoptar proyectos de rehabilitación externa e interna de los distintos barrios.

¡La población reclamaba que los trabajos y la eficacia de los mismos no tuvieran una duración excesiva! La magnitud de los trabajos de reestructuración es en verdad amplia: se ve involucrada más del 10% de la población (75.000 habitantes sobre un total de 700.000) y se reestructuran en tres años unas 25.000 viviendas (2.000 de ellas sin que sus habitantes deban abandonarlas en el período de los trabajos).

En cada barrio, antes de extender los trabajos a toda el área de los mismos, se realizaron dos trabajos de pruebas y luego se instituyeron laboratorios de arquitectura que, para cada uno de ellos, elaboraba un proyecto, promovía empresas y controlaba minuciosamente, piso tras piso y familia tras familia, el avanzar de los trabajos.

4. Una integración completa

Si tuviéramos que emitir un juicio a partir de las anticipaciones que en 1854 hiciera Ruskin ("es poco importante el hecho que se posea un gran número de hermosos monumentos públicos si tales monumentos no se integran armónicamente con el conjunto de las casas") o si tuviéramos que emitirlo pensando en las propuestas hechas por Gustavo Giovanonni en 1931 ("aplicar al conjunto de las construcciones las medidas que se aplican a las obras aisladas con lo que se crean las condiciones de un ambiente adecuado a los monumentos principales"), tendríamos que concluir que, después de todo, el problema va bastante bien.

Aparentemente todo va bastante bien. Y, si bien el proceso fue tomando cuerpo lentamente, hoy nos toca constatar que —a partir de los análisis, las reflexiones y las propuestas que han hecho debatir a los especialistas de la gestión de los espacios urbanos— se ha establecido, principalmente gracias al Documento de Venecia y a otros documentos que de éste derivan, una teoría general que todos hoy en día aceptan. Posteriormente, en la mayoría de los países europeos, se elaboraron textos legislativos que propugnaban principalmente la conservación, y procedimientos de aplicación muy elaborados que tomaban en cuenta tanto el inventario como los planes de gestión y de control.

Y no puede no causar satisfacción el hecho de constatar que la mayor parte de las ciudades que posee un centro antiguo de carácter histórico se preocupa por protegerlo y ya ha llevado a cabo numerosos trabajos que permitieron una cierta conservación y una valorización de su arquitectura.

Pero se constata también la presencia de un proceso que erosiona la ciudad, de una incoherencia entre la propuesta estética del restauro y el uso para nada entusiasta que la población hace de esos inmuebles.

En el convenio sobre Patrimonio y Territorio de octubre del ‘96, el superintendente de ambiente y arquitectura de la región Lombardía, Ruggero Bushi, declaraba que "existe una cierta hipocresía en decir que se quiere respetar la voluntad general de conservación y, al mismo tiempo, crear paradójicamente un ambiente en continua modificación, trastornándolo todo e ignorando completamente dicha voluntad de conservación".

Podríamos identificar tres elementos que —por su incidencia y repercusión— tienden a perturbar el equilibrio de nuestras ciudades y la armonía de sus contextos históricos: el culto de la imagen, la ingeniería cultural del consumo y, por último, un cierto desfase cultural. El culto de la imagen tiene la preeminencia, una imagen que, siguiendo los cánones de la modernidad, supone la desintegración arquitectónica pues trata de separarse del resto o, simplemente, de llamar la atención con la provocación.

Se trata de un juego inteligente que lamentablemente satisface sólo a los constructores públicos o privados que ven en él la posibilidad de presentar —a menudo contra el interés del ambiente y de la colectividad— sus empresas, sus productos o sus personas a través de una imagen grandiosa y "dinámica".

Para los centros antiguos, la imagen es una verdadera plaga. Y es así que durante la década del ’50, en nombre de la modernidad, se alteraron completamente las plantas bajas de los edificios antiguos y se utilizaron nuevos materiales para reemplazar sus pisos de piedra.

Por otro lado, el afán de crearse una imagen nueva y moderna es una tendencia que suele caracterizar a muchas ciudades antiguas. Pero tal afán provoca los mismos efectos que los denunciados anteriormente pues transforma las estructuras y las trata de adaptar a funciones que, además de ser morfológicamente incompatibles con el contexto, exceden las reales posibilidades y dimensiones del patrimonio existente. Y es así que se desvirtúa la vocación del contexto histórico urbano y surgen oficinas y tiendas en esos espacios que deberían destinarse a vivienda o se introducen inmensas estructuras de dudoso gusto moderno.

Es evidente que también las nuevas tendencias y la arquitectura moderna deben estar representadas en los centros antiguos, pero sólo si respetan "las reglas del lugar", sólo si respetan las dimensiones de las estructuras, de las manzanas, de las calles y los valores, los ritmos y el ambiente de dichos contextos históricos.

Aprovechando el impulso dado por el Consejo de Europa en 1970 a la adopción de una política integral de restauración urbana —impulso dado al constatar dicho consejo la penosa situación de deterioro presente en el patrimonio urbano y arquitectónico del territorio europeo—, la región valona puso en acto en su zona una serie de interesantes realizaciones integrales. La gama de los tipos de trabajos realizados destaca por su variedad: aportes contemporáneos a hoteles antiguos, rehabilitación de viejos inmuebles industriales (tipografía Soledi en Liges), nuevas construcciones en copropiedad (rue du Parc en Mons y rue des Brasseurs en Namur) y barrios nuevos (en Mons, en Liges y en Limbourg).

Para oponerse al funcionalismo "primordial" de los modernos y al omnipresente y prioritario criterio económico, se ha ideado una nueva estrategia urbana centrada en el hombre y llamada "urbanitectura". Sin ninguna duda, una perspectiva tan profunda cuanto la de la conservación integral no fructificará si no se basa en la formación de los hombres. Y por formación hay que entender no sólo la educación sino también la instrucción, no sólo la ética sino también la capacidad de acción.

El camino para alcanzarla se articula en tres niveles:

Constitución de asociaciones locales integradas por intelectuales de diferentes tendencias y formación que se ocupen de defender las ciudades del "vandalismo urbanístico" y de impulsar el debate sobre temas pertinentes.

Creación espontánea de grupos que ideen estrategias posibles.

Existencia de profesionales que, por haber estudiado en una escuela de arquitectura interesada en dicho movimiento, puedan ejercer su profesión con competencia en todo el territorio y, evidentemente, también en los centros antiguos.

Además del culto de la imagen y de su consecuencia arquitectónica (la ruptura con el contexto), el segundo proceso que destruye lentamente la ciudad es, según Françoise Choay, un proceso que se debe a la industria o ingeniería cultural. Tal industria, amparándose en los conceptos de educación y democracia, pretende transformar el patrimonio urbano en un objeto de consumo cultural gracias a un "maquillaje" visual y funcional (dos caras de la misma moneda) que termina por otorgar a calles y plazas históricas el mismo tipo de actividad artificial.

Todo esto supone la pérdida de la vocación original del contexto urbano, la pérdida de su alma y de su linfa vital y auténtica.

Obviamente se puede aceptar la presencia de vocaciones contemporáneas, pero es necesario que sean compatibles con el espíritu del lugar y del contexto.

El tercer elemento que erosiona las ciudades históricas es la peligrosa fuerza del principio de autonomía, principio que permite que se intervenga en cualquier nivel sin tener en cuenta el ambiente urbano, arquitectónico y cultural en el que se encuentra.

La experiencia formativa de los profesionales del sector, a causa de las posibilidades de trabajo existentes, no se realiza en las áreas protegidas por leyes especiales —que en Francia representan el 4% de las zonas edificadas— sino en áreas no sujetas a vínculos específicos.

El pensamiento funcionalista y un espíritu principalmente técnico reinan en todos los ámbitos del sector de la construcción, inclusive en sus arquitectos y constructores.

El tejido urbano no diferencia morfológicamente un sector protegido de uno sin protección. Por ejemplo, las dimensiones y la continuidad de una calle o el tipo de materiales empleados son los mismos en uno y otro sector. Pero en la ciudad preindustrial, muy frecuentemente, una solución practicada en una de estas áreas no necesariamente tiene que ser la ideal para la otra.

Nos enfrentamos a un desfase cultural que, mediante la insistencia comercial de la publicidad, nos quiere inculcar la superioridad de los nuevos materiales, los nuevos procedimientos y las nuevas técnicas. Pero si bien tales productos pueden resultar atractivos para las personas menos informadas a causa de su bajo costo, por su naturaleza estandarizada e industrial son intrínsecamente inadecuados para las restauraciones de inmuebles históricos

Estos procesos de deterioro que hemos comentado se originan en la infranqueable distancia que separa a los especialistas del arte del resto de los hombres que viven, trabajan y comercian en la ciudad. A menudo, quienes modelan, transforman, arreglan, mantienen o descuidan y deterioran la ciudad no comprenden por qué se los excluya a la hora de conservarla.

La capacidad de análisis y los conocimientos filosóficos de estos especialistas son producto de años de esfuerzos por conservar el monumento histórico en cuanto objeto artístico. Cuando se hubo de conservar no ya monumentos aislados sino contextos urbanos históricos, se trató de aplicar técnicas de seguro éxito en el campo del monumento a los contextos urbanos, considerando estos últimos como grupos de objetos artísticos de menor entidad. De esta manera y casi inconscientemente se pasó del objeto al espacio y del arte a la cultura, a una cultura del habitante, a la cultura que existe gracias a quienes animan nuestros centros antiguos. Lamentablemente es necesario constatar que los especialistas trabajan teniendo en cuenta su cultura profesional pero olvidando o ignorando con demasiada frecuencia la cultura de los habitantes.

No obstante tal actitud, cada uno de los profesionales se siente "convencido" de su quehacer, posee un espíritu responsable y una inteligencia práctica y da prueba de buena voluntad. Se trata de grandes cualidades dinámicas que hay que aunar con los valores urbanos y sociales más adecuados para la protección, el mantenimiento y la conservación de los contextos urbanos.

Es necesario encontrar una plataforma de base para cada ciudad, de modo que se pueda involucrar el interés y la generosidad de sus habitantes, de los comerciantes y de las distintas categorías de profesionales, especialmente los de la construcción, del restauro y de la urbanística.

Es sólo así que se podrá pasar de un restauro artístico a una conservación que incluya al hombre y que favorezca la vida individual y social de nuestros contextos urbanos históricos.

Fotos: http://retroprospectiva.blogspot.com/

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